Venezuela entre la presión externa y el colapso interno

La creciente tensión en Venezuela por la presencia militar de Estados Unidos en el Caribe y las maniobras desesperadas de Nicolás Maduro para aferrarse al poder fueron el eje central de la más reciente emisión de Punto Clave, el programa conducido por Lucía Navarro, que reunió dos visiones complementarias sobre el escenario venezolano: la del analista político y director de Patria de Martí, Julio Schilling, y la del periodista venezolano César Batiz. Ambos coincidieron en que el régimen está atrapado entre la presión internacional y un país exhausto, aunque difieren en matices sobre la inminencia de un desenlace.

Desde la perspectiva geopolítica, Schilling subrayó que Maduro no es solo un dictador caribeño aislado, sino una pieza estructural del engranaje que sostiene al socialismo continental impulsado por Cuba desde la caída de la Unión Soviética. “Maduro es esencial”, afirmó, explicando que la dictadura cubana no solo depende del petróleo venezolano para su supervivencia económica, sino también de la información sensible que el propio Maduro maneja sobre redes financieras, narcotráfico y operaciones de inteligencia conjunta. Esa vulnerabilidad ha convertido al líder venezolano en un riesgo incluso para sus aliados cubanos, según versiones citadas por Navarro y recogidas por portales como Axios y CyberCuba.

Schilling profundizó en la visión estratégica estadounidense, apuntando que la presencia militar en el Caribe es mucho más que un operativo antinarcóticos. Para Washington —dijo— el narcotráfico se ha convertido en el motor financiero del “socialismo continental”, una estructura donde participan no solo Venezuela y Cuba, sino también gobiernos como los de Colombia, México o Nicaragua. La expansión de organizaciones criminales como el Tren de Aragua, que ha penetrado territorio estadounidense, forma parte —según Schilling— de una táctica de subversión conocida y practicada por La Habana desde hace décadas.

En este contexto, la pregunta de por qué el presidente Donald Trump no ha dado aún la orden para intervenir directamente en Venezuela tiene varias aristas. Schilling sostuvo que dentro del propio gobierno estadounidense existen dos corrientes: una más aislacionista y otra, encabezada por el secretario de Estado Marco Rubio, más inclinada a cambios de régimen. Washington —dijo— estaría apostando por que actores internos venezolanos actúen primero, estimulados por la evidente demostración de fuerza militar en la región. La prioridad inmediata, agregó, sigue siendo Ucrania, donde la Casa Blanca intenta cerrar el capítulo de la guerra con Rusia antes de asumir un nuevo frente de alto riesgo en América Latina.

Navarro introdujo entonces un punto clave para medir el impacto de esa presión: la percepción dentro de Venezuela. Y para ello se conectó con César Batiz, director de El Pitazo, quien describió un país sometido a censura, persecución y vigilancia extrema. Según relató, la semana anterior se registraron alcabalas en Caracas donde agentes pedían revisar los teléfonos de ciudadanos detenidos para verificar si habían buscado términos como “Trump”, “Maduro” o “invasión”. Durante el programa, Batiz explicó que mientras el mundo debate la intervención estadounidense, dentro de Venezuela una parte importante de la población vive concentrada en sobrevivir el día a día, dominado por abusos policiales, extorsiones, fallas de servicios y una inflación cercana al 500%.

Batiz detalló que aunque existe un sector atento a los movimientos militares de Estados Unidos, la censura y el miedo han reducido el acceso a información. Sin embargo, testimonios recopilados por su medio revelan que muchos ciudadanos sienten más temor de sus propias autoridades que de la posibilidad de una intervención extranjera. Pescadores de Falcón —recordó— dijeron hace semanas que el verdadero peligro para ellos no eran los marines estadounidenses, sino las fuerzas policiales venezolanas que ejercen violencia cotidiana.

Un punto que generó especial debate fue la capacidad real del régimen para sostener una resistencia armada. Batiz señaló que las milicias creadas por Maduro están sobredimensionadas en número, mal armadas y concentradas principalmente en Caracas. Lejos del discurso oficial, afirmó, el miedo a una transición violenta es lo único que hoy mantiene cohesionadas a figuras del oficialismo como gobernadores, alcaldes y concejales. Incluso miembros de la policía y de la Fuerza Armada —dijo— han expresado en privado que no están dispuestos a arriesgar la vida por defender al régimen.

En cuanto al círculo cercano de Maduro, el análisis fue tajante. Diosdado Cabello, quien ha asumido el rol central en la represión tras los comicios del 28 de julio de 2024, está —según Batiz— más comprometido que nunca y fuera de cualquier negociación. Su reciente instrucción a la base chavista de identificar y vigilar a los “vendepatrias” es señal de que teme quedar desprotegido en un eventual cambio. Por su parte, Delsy y Jorge Rodríguez estarían mejor posicionados dentro de los sectores que buscan una transición controlada, apoyados por grupos económicos y políticos interesados en un “cambio gatopardiano” que preserve cuotas de poder. Batiz afirmó que emisarios cercanos a Delsy Rodríguez han buscado apoyo incluso en Colombia, a través del presidente Gustavo Petro, para promover una salida negociada favorable al oficialismo.

La gran interrogante, planteada por Navarro, fue si una caída del régimen venezolano podría precipitar el colapso de la dictadura cubana. Schilling sostuvo que aunque la caída de Maduro sería un golpe devastador para La Habana, el régimen cubano tiene redes internacionales de empresas y fuentes de financiamiento suficientes para resistir un tiempo considerable. Con todo, admitió que la caída del chavismo sería el inicio del fin para el sistema que sostiene al socialismo continental.

Batiz, por su parte, subrayó una pieza que podría reconfigurar todo: la Fuerza Armada venezolana votó mayoritariamente contra Maduro en julio de 2024. Esa fractura silenciosa, combinada con la vigilancia cubana sobre los mandos militares y los castigos ejemplarizantes contra oficiales sospechosos de conspirar, hace improbable un pronunciamiento inmediato, pero deja abierta la posibilidad de que una transición se active en el momento en que consideren que Maduro es insostenible.

El programa cerró con el reconocimiento de que Venezuela se encuentra en un punto de quiebre: Una presión externa sin precedentes, un régimen que acumula temor y desgaste, y una población que sobrevive entre la incertidumbre y la esperanza. Navarro adelantó que habrá más análisis en futuras emisiones, especialmente si se produce un movimiento brusco en Caracas, La Habana o Washington.

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