Una apuesta por estímulo moderado con recorte de tasas
Este miércoles, la Reserva Federal (Fed) decidió recortar la tasa de interés de referencia por tercera vez consecutiva en 2025, reduciéndola en un cuarto de punto porcentual hasta dejarla en el rango de 3,50 % a 3,75 %. La medida, largamente anticipada por los mercados financieros, representa un nuevo esfuerzo de la autoridad monetaria para equilibrar la debilidad en el mercado laboral con la persistencia de presiones inflacionarias, en un contexto económico lleno de incertidumbres.
En su última reunión del año, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) respaldó la baja de tasas con una votación dividida: 9 miembros a favor y 3 en contra, la más numerosa disidencia interna desde 2019. El presidente de la Fed, Jerome Powell, explicó en conferencia de prensa que la economía estadounidense enfrenta hoy un “terreno resbaladizo”: el crecimiento arroja señales moderadas, el mercado laboral muestra debilidad, mientras que la inflación —aunque en descenso comparado con máximos recientes— aún supera el objetivo del 2%. Por ello, recortar la tasa clave representa un “término medio” entre reactivar la economía y no descuidar la estabilidad de precios.
Powell adelantó además que la Fed se toma una pausa para observar cómo evolucionan los indicadores macroeconómicos antes de decidir si hay lugar para nuevos recortes.
La reacción en los mercados no se hizo esperar. Tras el anuncio, los principales índices bursátiles registraron avances: el Dow Jones Industrial Average subió cerca de 1%, mientras que el S&P 500 y el Nasdaq Composite también cerraron al alza, abriendo la puerta a lo que muchos analistas ya llaman un “rally navideño”.
Para hogares y empresas, el recorte implica que préstamos de consumo, hipotecas y créditos para automóviles pueden volverse algo más baratos, al menos en relación a los niveles previos. La expectativa es que este alivio en el costo del dinero estimule el consumo, la inversión y eventualmente contribuya a la recuperación económica.
La Fed justificó el recorte citando signos de deterioro en el mercado laboral, una desaceleración en el ritmo de contrataciones y una confianza del consumidor y del empresariado que se mantienen “frágiles”. Esa combinación de “estancamiento laboral + inflación elevada” —lo que algunos economistas llaman “estagflación light”— empujó a los responsables de la política monetaria a reactivar la herramienta de estímulo.
No obstante, dentro del comité existieron voces escépticas: algunos miembros advirtieron que recortar más podría minar la credibilidad de la Fed ante riesgos inflacionarios aún latentes; otros consideraron que lo más prudente era esperar más datos antes de actuar. Ese desacuerdo interno revela la complejidad del momento: no hay un sendero claro y libre de riesgos hacia 2026.
2026: Prudencia, o más alivio monetario
El nuevo “dot-plot” de la Fed —el gráfico que refleja las previsiones internas de los encargados de decidir la tasa— apunta por ahora a un único recorte adicional en 2026, aunque los mercados financieros descuentan incluso hasta dos recortes en el año. La estrategia de la Fed será “paso a paso”: evaluarán de cerca la evolución del empleo, la inflación, y la liquidez en los mercados antes de decidir intervenir nuevamente. Powell aclaró que no ve una subida de tasas en el horizonte inmediato.
Para un país en plena recuperación tras un año marcado por volatilidad —tasas altas, incertidumbre global, inflación persistente—, este recorte significa una tregua que puede ayudar a estabilizar la economía. Pero también plantea desafíos: mantener el equilibrio entre estímulo y prudencia, evitar sobrecalentamientos financieros, y restaurar la confianza de inversionistas y consumidores.
La tercera baja de tasas de este año por parte de la Fed confirma que la economía estadounidense transita por una fase delicada, donde las señales se contradicen. Ante la desaceleración del empleo y la fragilidad del consumo, la autoridad monetaria optó por ofrecer oxígeno al crédito, la inversión y el consumo, con la esperanza de reactivar el crecimiento sin reavivar la inflación.
Para un medio de centro-derecha, esta decisión representa un ejemplo de sensatez institucional: usar las herramientas del Estado con moderación, buscando equilibrio entre estabilidad y estímulo. Bien aplicada, puede ser un catalizador para la recuperación; mal administrada, puede abrir las puertas a desequilibrios. En cualquier caso, lo que suceda en los próximos meses definirá si este recorte fue una medida sabia o sólo un parche transitorio.