Operación River Wall y la nueva estrategia para blindar la frontera sur

En el más reciente episodio de Punto Clave, conducido por Lucía Navarro, se analizó a fondo la nueva ofensiva del gobierno estadounidense para recuperar el control de la frontera sur a través de la Operación River Wall, una estrategia lanzada el pasado 20 de octubre por el Departamento de Seguridad Nacional. La misión —sin eufemismos— es frenar el ingreso de inmigrantes indocumentados, narcotraficantes y organizaciones criminales transnacionales que han convertido la frontera en un negocio multimillonario. Para ello, la Guardia Costera desplegó más de un centenar de embarcaciones y cientos de efectivos en el Río Grande, desde Laredo hasta Brownsville y su desembocadura en el Golfo de América.

La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ha definido esta operación como un “multiplicador de fuerzas”, destinado a reforzar la labor de la Patrulla Fronteriza, las autoridades estatales y otros cuerpos de seguridad. Bajo el mando del almirante Kevin Lunday, la Guardia Costera ha asumido un rol estratégico en tareas de intercepción, patrullaje y vigilancia acuática, cerrando rutas que por años han sido utilizadas por organizaciones criminales para el tráfico de personas, drogas y armas. El componente marítimo y fluvial, históricamente menos controlado que el terrestre, se convierte ahora en una de las piezas clave de la nueva doctrina de seguridad fronteriza.

El invitado del programa, Art Del Cuento, ex agente de la Patrulla Fronteriza y actual vocero de la Federation for American Immigration Reform (FAIR), ofreció un diagnóstico directo desde Tucson, Arizona. Según explicó, la Operación River Wall implica una compleja coordinación interinstitucional que va más allá de un simple aumento de personal. Se trata de un despliegue táctico donde participan agencias federales, policías locales y autoridades estatales, en un intento por anticiparse a los movimientos de los cárteles, que permanentemente cambian de rutas cuando perciben mayor presencia de las fuerzas de seguridad.

Del Cuento subrayó que las condiciones en las que operan los agentes son extremas: calor sofocante, lluvias intensas, turnos prolongados y escenarios de alto riesgo donde pueden enfrentarse a traficantes armados o estructuras criminales bien organizadas. Sin embargo, destacó que los agentes de la Patrulla Fronteriza cuentan con un entrenamiento especializado para responder en tierra, agua y situaciones de emergencia, y que bajo la administración Trump se ha reforzado tanto el equipamiento como la presencia operativa en los puntos más vulnerables.

En el análisis presentado en Punto Clave también se abordó el componente tecnológico de la nueva estrategia. Entre los proyectos más ambiciosos figura el llamado “Smart Wall”, que busca integrar barreras de acero primarias y secundarias, muros flotantes, sensores inteligentes, vigilancia por cámaras, drones y herramientas de inteligencia artificial. Según Del Cuento, hoy no basta con levantar muros físicos: es indispensable utilizar todas las herramientas tecnológicas disponibles, dentro del marco legal, para detectar cruces irregulares, identificar patrones de tráfico y neutralizar amenazas en tiempo real.

En este contexto, se mostraron imágenes recientes del Valle del Río Grande, donde actualmente se ejecutan trabajos de reparación de tramos del muro fronterizo, con una inversión estimada en 4,500 millones de dólares. Estas reparaciones buscan cerrar brechas abiertas por traficantes que, con herramientas especializadas, cortan secciones del muro durante la noche. Del Cuento afirmó que, en un solo turno de ocho horas, un observador llegó a contabilizar más de cien intentos de corte, lo que deja en evidencia la escala del negocio criminal que opera en la frontera.

Otro punto central del programa fue el balance migratorio actual. Según datos del Departamento de Seguridad Nacional citados en la emisión, al 27 de agosto de 2025 se habían registrado 527 mil deportaciones, y desde el inicio de la administración Trump se reportan más de dos millones de salidas del país, incluyendo 1,6 millones de personas que presuntamente optaron por la autodeportación mediante una aplicación oficial. Si bien estas cifras son presentadas como un avance, Del Cuento fue claro al advertir que las estadísticas no siempre reflejan toda la realidad.

“Lo importante no es solo cuántos son arrestados, sino cuántos realmente enfrentan consecuencias legales serias”, señaló. A su juicio, mientras no exista un sistema que garantice que las violaciones a la ley tienen castigo, la frontera seguirá siendo vista como una apuesta que vale la pena para quienes buscan entrar ilegalmente. La disuasión, subrayó, se construye con leyes claras y con la certeza de que serán aplicadas.

En el programa también se discutió el uso indebido del asilo político por parte de personas que, aunque enfrentan situaciones económicas difíciles, no cumplen con los requisitos legales de persecución. Del Cuento sostuvo que una política migratoria responsable debe ser firme pero justa, ofreciendo protección real a quienes huyen de la persecución, pero cerrando el paso a quienes utilizan esa figura para evadir la ley.

Pese a su postura firme, el ex agente aclaró que no se opone a la inmigración, sino a la inmigración ilegal. Defendió un sistema ordenado, basado en la ley, que permita la entrada de personas dispuestas a trabajar, a respetar las normas y a contribuir al país. Para él, la seguridad nacional, la soberanía y el respeto a la ley no están reñidos con la compasión, siempre que no se confunda la empatía con la debilidad.

Desde la mirada de Punto Clave, lo que hoy ocurre en la frontera sur no es solo un tema migratorio, sino una prueba de liderazgo, de voluntad política y de defensa de la soberanía. La Operación River Wall, con todos sus desafíos y controversias, representa un giro claro hacia una política más firme, que busca enviar un mensaje contundente: las fronteras existen, y deben ser respetadas.

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