Trump redefine plan de acción
El martes 2 de diciembre de 2025, en la tradicional sala del gabinete de la Casa Blanca, el presidente Donald Trump presidió su última reunión formal con su gabinete antes de fin de año. El encuentro, de más de dos horas de duración, deja señales claras del rumbo que pretende imponer para los próximos meses: Un endurecimiento en materia de seguridad, nuevas ofensivas contra el narcotráfico internacional, y una apuesta audaz por proyectos de infraestructura doméstica.
La nota dominante de la sesión recayó en la crisis del narcotráfico. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, informó que las operaciones navales contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico cerca de las costas venezolanas no solo continuarán, sino que, según él, “solo acaban de empezar”. Hegseth defendió enérgicamente un ataque naval realizado en septiembre, que según denuncias habría culminado con una segunda ofensiva incluso contra sobrevivientes; describió la operación como parte de una campaña contra lo que definió como “narco-terroristas” que envenenan a la sociedad estadounidense.
Ese posicionamiento marca un giro decidido: El Gobierno de Trump ya no concibe la lucha antidrogas como un ejercicio puramente policial, sino como una estrategia de seguridad nacional, con autonomía militar. La Casa Blanca aseguró que cualquier país que facilite la exportación de drogas a Estados Unidos “está sujeto a ataques”, lo que amplía el espectro de presión contra naciones latinoamericanas involucradas directa o indirectamente.
En el mismo acto, Trump se refirió con dureza a determinados flujos migratorios. En particular, criticó la inmigración proveniente de Somalia, reiterando su rechazo a admitir nuevos inmigrantes de ese país y generando revuelo por su tono. En la reunión del gabinete, el presidente etiquetó como “un problema” la llegada de somalíes, argumentando que “no aportan nada” y que dependen en exceso de ayudas estatales.
Este tipo de declaraciones han vuelto a poner sobre la mesa las divisiones internas en la gestión de inmigración, así como las tensiones entre políticas de seguridad, control migratorio y derechos humanos.
Infraestructura doméstica
No todo fue seguridad y confrontación. En un giro hacia lo doméstico, el gabinete aprobó una iniciativa para modernizar el transporte aéreo y la infraestructura aeroportuaria. El presidente anunció que planea reconstruir completamente el aeropuerto internacional de Dulles, cerca de Washington —al que calificó de “terrible” y mal diseñado— con el objetivo de convertirlo en “un hub espectacular” que responda a los desafíos del siglo XXI.
El secretario de Transporte, Sean Duffy, respaldó el plan y señaló que la modernización implicará inversión federal masiva, y que algunos de los sistemas de transporte interno del aeropuerto —deficientes desde hace años— serán reemplazados por tecnologías más modernas. Este anuncio representa una señal de que la administración Trump no solo busca proyectarse en seguridad y defensa, sino también en resultados concretos en infraestructura para sus votantes.
Durante la reunión, Trump reiteró que presentará a comienzos de 2026 su candidato para liderar la Reserva Federal, lo que anticipa una reconfiguración de la política monetaria —y posiblemente una señal al mercado sobre prioridades macroeconómicas.
Además, puso en entredicho ciertas narrativas económicas críticas, calificando el uso de la palabra “asequibilidad” como un “engaño demócrata” (Democrat scam), sugiriendo que su administración vuelve a priorizar el control inflacionario y el desarrollo económico frente a lo que define como políticas fallidas del pasado.
La reunión del 2 de diciembre ofrece una hoja de ruta: seguridad nacional, lucha sin concesiones contra el narcotráfico internacional, control migratorio, inversiones en infraestructura y una apuesta por la estabilidad macroeconómica. Para quienes apoyan un gobierno de mano firme y prioridades nacionales, el paquete puede ser visto como coherente y decidido.
Pero también envía señales de confrontación hacia el exterior y el interior —migración, relaciones con América Latina, soberanía internacional— que podrían generar choques con aliados, organismos internacionales y la opinión pública global. Las decisiones tomadas, especialmente en materia militar, podrían tener un costo diplomático alto.
En un contexto preelectoral, con el mercado atento, con tensiones migratorias y con un debate permanente sobre la legitimidad institucional, este gabinete funcionó como un claro statement: este es el rumbo que Trump quiere tomar —sin medias tintas, sin vacilaciones—, y con la firme convicción de que actuar con contundencia es la mejor carta para proteger a Estados Unidos.