Drones, diplomacia sin filtros y el nuevo tablero de poder

En una conversación tan provocadora como reveladora, el programa Dinero y Más, conducido por Raúl Mas, volvió a situarse en la intersección entre economía, geopolítica y poder global. Su invitado, Alfredo Faubel, empresario europeo y analista frecuente del programa, desarrolló una reflexión amplia sobre cómo la tecnología, la improvisación diplomática y las grandes estrategias de las potencias están redefiniendo el equilibrio mundial.

La charla partió desde un paralelismo histórico: así como la pólvora, el estribo o el cañón cambiaron para siempre la forma de hacer la guerra, hoy —según Faubel— los drones están revolucionando el campo de batalla. A su juicio, estas herramientas relativamente baratas han dejado en evidencia la vulnerabilidad de sistemas militares tradicionales como los tanques, la artillería pesada y determinadas infraestructuras defensivas. “Cada época tiene su arma disruptiva”, coincidieron Mas y su invitado, destacando que esta nueva etapa obliga a las potencias a replantear inversión, tácticas y doctrinas militares.

Sin embargo, el foco del diálogo viró rápidamente de la teoría militar al escenario más cercano: el Caribe y, en particular, Venezuela. Mas señaló la presencia inusual de un importante despliegue naval estadounidense en aguas cercanas al país suramericano, algo que —según planteó— no parece justificarse únicamente por operaciones antinarcóticos. Faubel interpretó este movimiento como una señal de presión psicológica y estratégica, casi equivalente a un bloqueo, destinado a debilitar aún más al régimen venezolano, incluso dificultando su capacidad de refinar y comercializar petróleo mediante la interrupción del suministro de insumos clave.

El invitado sugirió que este “cerco” no solo apunta al gobierno de Nicolás Maduro, sino que también envía un mensaje directo a las cúpulas militares del país. En su lectura, el despliegue buscaría mostrar que existe un respaldo externo suficiente como para acelerar un eventual quiebre interno del poder. Aunque se trata de su interpretación personal, Faubel insistió en que la estrategia estaría más vinculada a presión indirecta que a una intervención militar abierta.

En ese contexto, Mas recordó las declaraciones pasadas de Donald Trump, quien llegó a admitir públicamente la aprobación de planes encubiertos contra el régimen venezolano, algo que sorprendió por el nivel de exposición y franqueza. Esa falta de filtro sirvió de puente para examinar el estilo diplomático del exmandatario, marcado por decisiones no convencionales y gestos inesperados, como su histórico encuentro con el líder norcoreano Kim Jong-un o su disposición a dialogar con figuras consideradas “intocables” por la diplomacia tradicional.

Faubel sostuvo que Trump aborda la política exterior con una mentalidad propia del sector inmobiliario: concibe los conflictos como si fueran negociaciones de bienes raíces, territorios y activos. Esa lógica —según explicó— se puede rastrear también en su visión sobre Ucrania, Gaza y otros focos de conflicto, donde utiliza un lenguaje de “acuerdo”, “cesión” y “reconstrucción” que recuerda más a contratos que a tratados diplomáticos clásicos.

Esto llevó a una crítica más amplia sobre la diplomacia tradicional. Para Faubel, Europa cometió un grave error al romper vínculos formales con Rusia tras la invasión a Ucrania, reduciendo su margen de maniobra y su capacidad de influencia. A diferencia de Washington, que mantiene canales abiertos, los europeos —según afirmó— se autoexcluyeron de las conversaciones clave. En esa línea, puso en duda el valor real de las “garantías de seguridad”, recordando el antecedente del Memorando de Budapest y los acuerdos que llevaron a Ucrania a renunciar a su arsenal nuclear a cambio de promesas de protección que, en la práctica, nunca se materializaron plenamente.

La conversación también abordó el abandono de Afganistán, como ejemplo de cómo los compromisos occidentales pueden evaporarse en cuestión de días, dejando profundas consecuencias humanas, especialmente para las mujeres y jóvenes que crecieron bajo un sistema diferente al que hoy impera en ese país.

En su mirada de largo plazo, Faubel planteó una tesis aún más polémica: a su juicio, los aliados naturales de Occidente deberían ser, en realidad, Rusia, Europa y Estados Unidos, debido a sus lazos culturales, históricos y económicos, frente a una China que considera la verdadera amenaza estratégica del siglo XXI. Señaló que Pekín habría avanzado de manera silenciosa sobre Europa mediante la financiación de instituciones, think tanks, políticas energéticas e infraestructura crítica, creando una dependencia tecnológica y económica profunda, desde paneles solares hasta sistemas de telecomunicaciones y grúas portuarias.

Mas complementó esta idea reflexionando sobre la ausencia de una “gran estrategia” en Occidente, frente al enfoque multigeneracional chino, orientado a objetivos de 30, 50 o incluso 100 años. La política occidental, coincidieron, parece dominada por el corto plazo, los ciclos electorales y los resultados trimestrales, más que por una visión de civilización.

El intercambio cerró en un tono más distendido, con saludos de Thanksgiving y palabras de reconocimiento de Mas hacia Faubel, a quien describió como una voz lúcida, capaz de explicar asuntos complejos con claridad y sentido crítico. En línea con el espíritu del programa, recordó que Dinero y Más no solo habla de mercados o negocios, sino también de los procesos ocultos que moldean la economía global, la política y el futuro de las sociedades.

Así, una vez más, el programa dejó en claro que detrás de cada conflicto, cada inversión y cada movimiento militar, existe una red de intereses, visiones del mundo y estrategias de poder que trascienden titulares y obligan a mirar más allá de la superficie.

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