Matías Sueldo: riqueza, riesgo y poder real en la economía de quienes se atreven a ser dueños

En un momento de alta sensibilidad económica, marcado por la inflación persistente, la incertidumbre global y el impacto de las decisiones políticas sobre los mercados, el programa Dinero y Más, conducido por Raúl Mas, ofreció una conversación reveladora con Matías Sueldo, abogado, emprendedor, inversionista y asesor empresarial, cuya trayectoria rompe el molde tradicional del éxito profesional y expone una verdad que muchos prefieren ignorar: la riqueza real no se construye con títulos, se construye con propiedad, riesgo y visión.

El panorama financiero, según explicó Mas al inicio del programa, muestra señales de recuperación luego de varias jornadas a la baja. El repunte de empresas tecnológicas, especialmente NVIDIA, y la renovada confianza en la inteligencia artificial han contribuido a devolverle algo de oxígeno a los mercados. Sin embargo, los datos siguen siendo contradictorios. Aunque el empleo ha mostrado cierta mejoría, la tasa de desempleo alcanzó el 4.4% y la presión sobre las familias y pequeños empresarios continúa siendo evidente, especialmente en un contexto inflacionario que no termina de ceder. A pesar de ello, las proyecciones de ventas minoristas para la temporada de fin de año superan el billón de dólares, un dato que revela que la economía estadounidense sigue teniendo un músculo que, aunque golpeado, mantiene su capacidad de consumo.

En ese contexto, la historia personal de Matías Sueldo adquiere un valor especial. Hijo de inmigrantes argentinos, criado en un pequeño pueblo de California y marcado por la crisis económica de Argentina en 2001 y los atentados del 11 de septiembre, su mirada sobre el mundo se formó en medio de la inestabilidad, el miedo y el colapso institucional. A diferencia de otros jóvenes de su generación, esas experiencias no lo llevaron al resentimiento ni al victimismo, sino a una obsesión por comprender la seguridad, la política internacional, el funcionamiento de los mercados y las causas reales que hacen prosperar a las naciones o las conducen al desastre.

Esa inquietud se transformó en una formación académica de élite. Estudió Relaciones Internacionales y Políticas Públicas en la University of Southern California, trabajó con organizaciones internacionales en distintos países, obtuvo una maestría en administración pública en Harvard y un título de abogado en Yale. Para muchos, ese recorrido sería la meta. Para Sueldo, fue apenas la base de algo más grande. Tras pasar por firmas de alto nivel en Nueva York, vinculadas a fondos de inversión, bancos multilaterales y estructuras financieras globales, comprendió una verdad incómoda: por más alto que sea el salario, quien trabaja para otros nunca controla su destino.

Fue entonces cuando decidió abandonar la aparente seguridad del mundo corporativo y apostar por el camino que la mayoría teme: el emprendimiento real. Primero asesorando transacciones, luego como patrocinador independiente de inversiones y finalmente a través de un holding empresarial dedicado a la compra de compañías ya existentes. Su análisis fue tan simple como contundente: la mayoría de las personas verdaderamente ricas en Estados Unidos no son figuras mediáticas ni magnates de Silicon Valley, sino dueños de pequeñas y medianas empresas que controlan su tiempo, sus activos y su crecimiento.

Durante su conversación con Raúl Mas, Sueldo fue claro al señalar que la narrativa dominante sobre la riqueza está distorsionada. A los jóvenes se les ha dicho que diversifiquen desde el inicio, que no asuman riesgos y que busquen estabilidad por encima de todo. Sin embargo, en la práctica, la creación de riqueza sostenible requiere exactamente lo contrario: concentración, visión, coraje y una enorme tolerancia a la incomodidad. La diversificación, afirmó, llega después, cuando la riqueza ya ha sido creada. Antes de eso, el camino está lleno de incertidumbre, presión social, miedo real al fracaso y, muchas veces, deudas que asustan. Pero también es ahí donde se forja la independencia verdadera.

En este escenario, Florida, y en particular Miami, aparece como uno de los centros más atractivos para emprender e invertir. Sueldo reconoce un crecimiento sostenido, una llegada constante de capital y un entorno empresarial que favorece la iniciativa privada. Sin embargo, no ignora los desafíos: el costo de vida en aumento, la escasez de talento técnico especializado, la crisis de vivienda y la presión sobre las familias que buscan educación de calidad para sus hijos. Aun así, considera que el balance sigue siendo positivo y que la región representa una de las mayores oportunidades del país para quienes estén dispuestos a trabajar duro y pensar a largo plazo.

Al abordar el impacto del nuevo ciclo político bajo la administración Trump, Sueldo evitó caer en consignas ideológicas fáciles. Su análisis se centró en la realidad cotidiana de los empresarios. Para muchos de ellos, explicó, coexisten la esperanza de un entorno más favorable a los negocios y, al mismo tiempo, la inquietud por la volatilidad en las tarifas, el costo de los insumos, la mano de obra y las decisiones que cambian de un día para otro. La incertidumbre es, en sus palabras, el sentimiento dominante. Y en economía, la incertidumbre suele ser el mayor enemigo del crecimiento.

Sin embargo, lejos del pesimismo, la entrevista dejó un mensaje claro: Estados Unidos sigue siendo una nación de oportunidades para quienes comprenden que la libertad económica exige responsabilidad, sacrificio y carácter. La seguridad no proviene del Estado ni de una gran corporación, sino de la capacidad individual de crear valor, generar empleo y construir patrimonio. En tiempos donde muchos jóvenes aspiran a la fama rápida o a la comodidad garantizada, historias como la de Matías Sueldo reafirman un principio fundacional del espíritu americano: solo quien se atreve a asumir riesgos reales puede aspirar a una libertad real.

Dinero y Más, una vez más, no solo ofreció un análisis económico, sino un retrato crudo y honesto del camino que separa a quienes dependen de un sistema que no controlan de quienes deciden tomar las riendas de su propio destino.

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