La mesa de la gratitud hecha espejo de la realidad
En un tono distendido pero cargado de contenido económico, histórico y político, la conductora Monet Bacs abrió una nueva edición de Mrs. Monet junto a su esposo, Colton Bacs, para reflexionar sobre una de las tradiciones más emblemáticas de Estados Unidos: la cena de Acción de Gracias. Lo que comenzó como una conversación ligera sobre el costo de alimentar a una familia de diez personas terminó convirtiéndose en un profundo análisis sobre el estado real de la economía, la inflación, el consumo y las señales que —según ambos— están comenzando a revelar un desgaste más profundo del sistema.
Antes de entrar en cifras, Monet se detuvo a reflexionar sobre lo que llamó “la razón de la temporada”. Recordó que el Mayflower llegó a las costas de América en noviembre de 1620 y destacó el coraje de aquellos colonos que, enfrentando lo desconocido, sentaron las bases de las libertades que hoy disfrutan los estadounidenses. Con un tono personal, compartió que parte de su linaje familiar desciende de pasajeros del propio Mayflower, mientras que su padre llegó al país como inmigrante en los años setenta. Dos historias distintas, pero unidas por un mismo sueño: buscar una vida mejor en una nación fundada en principios inéditos de libertad, representación y derechos individuales. Para Monet, esa herencia explica por qué puede hoy expresarse con absoluta libertad sobre temas políticos, económicos y sociales, algo impensable en muchos otros lugares del mundo y de la historia.
Colton Bacs, por su parte, relató el trasfondo migratorio de su propia familia —procedente de Alemania y Hungría tras las guerras mundiales— y subrayó cómo distintos momentos históricos confluyen en una misma identidad americana. Entre bromas sobre quién lleva más tiempo “en el país” generacionalmente, el intercambio derivó en una afirmación muy clara: Thanksgiving es una celebración profundamente ligada a la identidad nacional. Incluso, Colton no dudó en señalar que su “enmienda favorita” es la Segunda, un comentario que, en clave centro-derecha, subrayó su valoración de la Constitución y las libertades individuales.
Con ese trasfondo patriótico, la conversación giró hacia el tema central: ¿cuánto cuesta realmente una cena de Acción de Gracias para diez personas en 2025? Según el American Farm Bureau, ampliamente citado por diversos medios, el costo promedio habría bajado en los últimos tres años, pasando de alrededor de 60 dólares en 2023 a unos 55 dólares en la actualidad. Una cifra que, para Monet y Colton, resulta sencillamente increíble. Con ironía, recordaron una reciente visita al supermercado en la que compraron apenas algunos productos básicos —una lechuga, un pimiento y una bebida— y la cuenta resultó sorprendentemente alta. La idea de alimentar a diez personas por poco más de 50 dólares, coincidieron, no parece tener correlación con la experiencia cotidiana de millones de familias.
Los números del informe, sin embargo, existen. Un pavo de 16 libras rondaría los 21 dólares, los arándanos 2 dólares, y tres libras de batatas cerca de 4 dólares. Sobre el papel, todo parece razonable. El problema, según el análisis del programa, radica en lo que no se incluye: refrescos, vino, macarrones con queso, aperitivos, bandejas de vegetales, salsas compradas, jamón (que muchas familias también sirven), snacks, postres prefabricados y otros elementos que forman parte real —no teórica— de una mesa de Acción de Gracias típica en Estados Unidos. El cálculo oficial parece basarse en una versión minimalista y casi de laboratorio: pocas calorías por persona, ingredientes básicos y todo preparado desde cero, algo que dista mucho del comportamiento del consumidor promedio.
A partir de allí, la conversación entró en un terreno más profundo: el de los incentivos del mercado y la manipulación indirecta de la percepción del consumidor. Colton señaló que, según investigaciones adicionales citadas incluso por CBS, los precios mayoristas del pavo han aumentado, pero las grandes cadenas están asumiendo esas pérdidas para usarlo como “producto anzuelo”. Venden el pavo muy por debajo de su costo real —incluso a 99 centavos la libra— para atraer clientes al local, confiados en que esos mismos consumidores compensarán el “ahorro” comprando acompañamientos, bebidas y otros productos con márgenes de ganancia mucho más altos. Es una estrategia clásica de mercado, pero que en este contexto refleja algo más inquietante: una necesidad creciente de estimular al consumidor, incluso durante una temporada de alta demanda.
En otras palabras, si incluso durante las fiestas las cadenas deben subsidiar productos clave para lograr ventas, ¿qué dice eso sobre la salud de la economía y el bolsillo real de la gente? Para Monet y Colton, es una señal clara de debilidad. Mientras algunos informes alegan que los precios han bajado, otros —basados en múltiples fuentes agrícolas y comerciales— estiman que una cena completa para diez personas puede superar fácilmente los 150 dólares. Esta cifra, en su opinión, se acerca mucho más a la realidad observable.
Además, destacaron que ciertos alimentos han subido de forma notable: las bandejas de vegetales aumentaron más del 60%, los guisantes congelados alrededor del 17% y productos básicos como el puré de papas y el relleno también reflejan importantes incrementos. Incluso bromearon con que las batatas son más baratas porque “nadie las quiere si no se les agregan toneladas de azúcar y mantequilla”. Más allá del humor, el punto era claro: los precios se están redistribuyendo estratégicamente, de forma que el consumidor sienta que ahorra en lo principal mientras paga más en todo lo demás.
El análisis se amplió hacia una lectura regional: según los datos citados en el programa, el oeste de Estados Unidos es actualmente la región más cara para comprar alimentos para Acción de Gracias, incluso por encima del noreste, algo especialmente llamativo para quienes eligieron esa zona buscando un menor costo de vida. El medio oeste sigue siendo la región más accesible, seguido por el sur y el noreste, una distribución que confirma que la inflación no impacta por igual en todo el país.
Finalmente, Monet y Colton conectaron esta situación con un panorama económico más amplio. A su juicio, la economía estadounidense comienza a mostrar síntomas claros de estanflación: menor dinamismo, precios que se resisten a bajar, empresas que mantienen tarifas elevadas a pesar de una caída en la demanda y consumidores cada vez más cautelosos. Pusieron como ejemplo incluso servicios cotidianos, como el cuidado de mascotas, que pasaron de tener listas de espera de semanas a ofrecer turnos el mismo día, sin que eso implique una baja significativa en precios. Para ellos, esto refleja un mercado que se desacelera, pero que sigue atrapado en una mentalidad inflacionaria impulsada, en parte, por el gasto público excesivo y políticas monetarias fallidas.
Lejos de ser solo un especial de temporada, este episodio del Mrs. Monet Show utilizó la cena de Acción de Gracias como un espejo de la economía actual: una celebración de gratitud y abundancia que, paradójicamente, también revela las tensiones de un país donde los números oficiales no siempre coinciden con la realidad en el carrito del supermercado. Y, desde una mirada claramente alineada con valores conservadores, la conclusión fue contundente: más allá de lo que digan los informes, las familias estadounidenses sienten la presión, ajustan sus presupuestos y, cada vez más, se preguntan si el “sueño americano” sigue siendo tan accesible como alguna vez lo fue.